viernes, 15 de enero de 2016

Cuento

        Hace mucho tiempo, en el tiempo de Mari Castaña, vivía una mofeta en una gran colina, pero no quería bañarse.
        
         Nuestra mofeta se llamaba Apestosa, porque no quería bañarse. Era muy desagradable su olor y también era graciosa, pero también hay que decir que quería mucho a sus amigos. Era bajita y delgada, su cola era larga y blandita como una esponja. Tenía unos nueve años más o menos.

        Una mañana vino su amigo, el conejo Saltarín, para que le acompañara a la competición de saltos, en el que iban a concursar sus conejos y conejas favoritos. Él, muy contento y dormido, le dijo: -¡Vale, te acompañaré!-, pero...-¿si no me dejan entrar por mi olor?- 

        Cuando iban a entrar, le pidieron unas entradas. Ellos se las dieron, pero........... a Asqueroso no le dejaban entrar porque olía muy mal. Saltarín le dijo que fuera a bañarse, que lo hiciera por él, pero Asqueroso no quería bañarse igualmente. ¿Para qué, si no le iban a dejar entrar de todas formas?

        Saltarín intentó convencer a su amigo. Al final, de tanto decírselo, convenció a la mofeta, que desde aquel día se bañó porque se dio cuenta de que si se bañaba le dejarían entrar a donde quisiese, hasta en una competición de saltos enormes.

       Desde aquel momento a Asqueroso le cambiaron el nombre. Ahora se llamaba Agradable, porque al bañarse le cambió el olor. 


               Y como dice San Fermín, este cuento llegó a su FIN   

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