Había una vez, en un lejano lugar de la maravillosa isla de los patos carnívoros, una conejita no muy habitual por allí, llamada Elsa. Corría deprisa para escapar de allí.
Elsa era amable, juguetona, divertida, y su pelaje era de color de rosa. Le encantaba hablar con la gente, especialmente con Risi, su amiga más preciada por ella.
Os explicaré por qué estaba huyendo de allí. Quería que toda la gente le tratara bien, porque al ser de colorines, la despreciaba toda la gente. Decidió ir al país más hablado por aquel lugar. Se llamaba Lansis. Decían que si ibas a aquel lugar, ibas a tener buena suerte en todo el camino, y así lo hizo.
Pero no fue como ella creía. Cuando lo atravesó tuvo la peor suerte del mundo. La raptaron, tuvo que sufrir por el humo que había. Fue terrible.Menos mal que Hipo, un amigo que se encontró, pudo llevarla a casa y también supo una cosa:
-Nunca jamás me iré de mi hogar. Tengo que apreciarlo, y si soy despreciada, me da igual porque soy fuerte y puedo con todo.

Y así termina este cuento con pan y pimiento.
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