martes, 23 de febrero de 2016

CUENTO

   Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que su hijo viera cómo de pobres eran las gentes del campo.

   Estuvieron por espacio de un día y una noche completos, en una granja de una familia campesina muy humilde.

   Al concluir el viaje, y de regreso a casa, el padre le preguntó a su hijo:
- ¿Qué te pareció el viaje?
- ¡Muy bonito, papá!
- ¿Viste lo pobre que puede ser la gente?
- ¡Sí!
- ¿Y qué aprendiste?
- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina que llega de largo a la mitad del jardín, ellos tienen una arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la muralla de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para hablar y convivir en familia, tú y mamá tenéis que trabajar todo el tiempo y casi nunca os veo.

   Al terminar el relato, el padre se quedó mudo..., y su hijo agregó:
- ¡¡¡Gracias, papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser!!!

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