Cuando los niños no desayunan bien, no tienen la energía y la vitalidad necesaria para afrontar el esfuerzo físico e intelectual que les exigen las actividades escolares.
Un desayuno ideal y adecuado debe ser variado en alimentos que contengan nutrientes necesarios:
- Lácteos: leche, yogur y/o queso
- Hidratos de carbono: cereales, galletas, pan.
- Grasa: aceite de oliva o margarina
- Vegetales: fruta o zumos
- Otros: mermelada, jamón york o pavo, miel...
Todo es cuestión de hábito.

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