
Lo malo que tenía la señora Silver era que todo su amor se lo dedicaba a una tortuguita llamada Alfie. Todas las mañanas que el señor Hoppy se asomaba al balcón, veía a la señora Silver acariciando a la tortuguita.
A principios de primavera, cuando Alfie sentía un poco de calor, se despertaba y salía muy despacio de su casita y la señora Silver le daba la bienvenida. En esos momentos, el señor Hoppy quería ser Alfie.
Una mañana de mayo ocurrió algo que cambió la vida del señor Hoppy. Fue cuando vio a la señora Silver dándole de comer a Alfie.
Cuando dijo el señor Hoppy:
-Buenos días, señora Silver. Alfie tiene muy bien aspecto esta mañana.
-¿A que es preciosa?, exclamó la señora Silver.
Luego dijo ella:
- Me gustaría que creciera un poco más deprisa.
Todas las primaveras la pesaba en el la báscula de casa, y estos once años no había ganado más cien gramos.
Él dijo:
- ¿Cuánto pesa ahora?
Ella respondió:
- Solo cuatrocientos gramos.
Un día, la señora Silver............y después, el señor Hoppy...........se...e......
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