martes, 19 de enero de 2016

HACIENDO BUENAS AMISTADES

Cuando fui a Granada me hice amigo de un niño llamado Pedro, que me enseñó a hacer volteretas hacia atrás. En su cara resaltaba su gran sonrisa, ojos azules como los del cielo, pelo negro como el carbón, labios delgados como las lenguas de las serpientes. Vestía una hermosa gorra verde como la hierba, camisa rosa como el algodón, pantalón blanco como las nubes, zapatos azules como los diamantes. Se expresaba muy fácil con los desconocidos que le caían bien. Era exacto en los trabajos y la puntualidad de quedar con los amigos para jugar. Lo que más le gustaba, el francés, la educación física, hacer trucos de magia con las barajas de cartas y hacer saltos acrobáticos.
Me ha gustado conocerlo porque es un amigo que te ayuda.

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