En una pequeña aldea cabalgaba un misterioso charro que se aparecía en ocasiones a los habitantes. Una noche llegó el charro a solicitar los servicios de una partera y la llevó a su casa. La partera trajo al mundo al hijo del charro. El hombre llevó a la partera de vuelta y le pagó con monedas de oro, pero éste le advirtió que guardara el secreto del parto o si no, moriría.
La partera, asustada por aquella advertencia, entró a su casa y esperó a que el charro se fuera. Como no escuchó las pisadas del caballo, pensó que aún se encontraba ahí. Entonces se asomó por la ventana y se asombró al descubrir que no estaba ahí.
La partera estuvo varios días encerrada y confundida en su casa por aquella advertencia. Un día decidió contarle a una vecina, quien le aconsejó no decirle a nadie más y dejar las monedas en la iglesia. Al día siguiente, la partera amaneció muerta. Algunas personas decían que escucharon cabalgar al charro por ahí.
La partera, asustada por aquella advertencia, entró a su casa y esperó a que el charro se fuera. Como no escuchó las pisadas del caballo, pensó que aún se encontraba ahí. Entonces se asomó por la ventana y se asombró al descubrir que no estaba ahí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.